Lágrimas

Hacía tiempo que no lloraba. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de impotencia, que tuve cuando estuve trabajando en la asesoría, donde ya he relatado en más de un tema y ocasión las “tomaduras de pelo” que he sufrido.

Se puede criticar, aplaudir o abuchear (para eso hay colores), pero me he sentido tan identificada con los chicos enmudecidos y maniatados, que las lagrimas surcaban mis mejillas. Y es que si te toca un empresario sin escrúpulos, sea de pequeña, mediana o grandes empresas, el remedio es este: o enfermas y sigues hasta que te echen o te mueres de auténtica pena, miedo y demás.

Y es que tener un trabajo en España, seas del color que seas, partidiario de izquierdas, derechas o centro, si no eres un lameculos o un chulo, la cuerda floja se balancea peligrosamente.

P.D: porque a mí me llamaron loca a grito pelado, por reinvidacar una temperatura de despacho agradable, tras enfermar varias veces y no coger bajas como haría casi todo diox, (en verano iba con manga larga, así que ni os cuento como iba en época de frío … casi de verano). Y como estos hechos, miles (que no te concedan permiso … para una operación a vida o muerte de un familiar directo, por estar en campaña de renta, etc, etc, etc). Lo dicho, somos números, y quien no lo quiera ver, es que está ciego, muy ciego.

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