Con el traqueteo del tren, veía como se movían lentamente las nubes, soñando con un mañana mejor, para él y su familia en esa ansiada tierra de oportunidades. Mientras dejaba tras de sí, una madre preocupada, y una vida difícil.
Encontró por el camino, personas que decían que aquéllo sólo era una tierra donde la muerte aparecía cuando menos te lo esperases. Ya que tras pasar la frontera, les esperaba un basto desierto, personas que ajenas a ayudar, se aprovecharían de ellos, de la manera más ruín y dolorosa.
Pero nuestro muchacho, no tenía miedo y quería arriesgarse, por esa lucha de querer lo mejor para su madre y sus hermanos pequeños.
El tiempo pasó y su madre tuvo notificaciones de que su hijo murió, tras realizar los pertinentes análisis de ADN de un cuerpo abandonado en mitad del desierto, para averiguar quién era.
Y así la batalla de superación, encontró el gran muro, de las inclemencias del terreno, de gente despiada, que lo único que quiere es explotar lo que sea, mientras en el otro mundo, todo es luz y magia o es lo que quieren hacer creer también.
Quería hacer un cuento, tras ver un programa ayer por la noche, que me hizo muy difícil conciliar el sueño. La verdad es que es terrorífico, ver a una niña de 9 años, que se llamaba igual que yo, querer cambiar su suerte. Cuando en estos lares, colmamos de lo que sea, a los hijos, a nosotros, etc. Y ya no digo nada, del programa anterior que estuve viendo de desahucios …
Ayer justamente, le dije a una señora mayor: si estamos en crisis, también es culpa aparte de los políticos y bancos, nosotros mismos, porque no tenemos un tope en cosas, sin incluso, apreciar lo que ya tenemos.
Seguro que hay estudios, con números reflejados de cuántos niños pobres tienen que morir, para sustentar la vida de un niño normal.
Es por eso … que me niego en rotundo, concebir a un hijo, para que otros tengan que morir, luchando por la supervivencia.
Esta entrada, va por todos aquéllos niños, adolescentes y adultos, que ya no están entre nosotros. Espero que donde estéis ahora, podáis perdonar la arrogancia y la vanidad, del ser humano (y un millón de cosas más).

